lunes, 8 de julio de 2013

La pasión del tango...

"Tomo y obligo, mándese un trago, que hoy necesito el recuerdo matar...", escribía Manuel Romero, mientras que Carlos Gardel  musicalizaba el desaguisado texto que posteriormente se convertiría en uno de los tangos más famosos de la historia.

Uno de los géneros musicales que enardece el alma, tanto por la fuerza de su sonido, como con su baile, es el tango.

El garbo, la energía, la sensualidad y la pasión, son quizá los ingredientes de esta música que nació en los arrbales de Argentina y Uruguay en pleno mestizaje de los descendientes de esclavos africanos y los nativos de la región del Río de la Plata a finales del siglo XIX.

Comencemos por el origen de su nombre. Se piensa que el término proviene del idioma Ibibio, familia de la lengua Níger - Congo; la etimología es tamgú, que significa tambor y bailar, conformándose un término compuesto "bailar al son del tambor". Durante el siglo XIX en la isla El Hierro y algunos otros países del continente la palabra tango significaba "reunión de negros para bailar al son del tambor".

A finales del siglo XVIII el tango o candombe, llamado así por su origen africano, fue severamente prohibido y en su caso, castigada severamente toda persona que fuera sorprendida realizando esta manifestación, pues de acuerdo a la ley dicho acto lesionaba la moral pública.

Se dice que el tango en su evolución fue influenciado por diversos géneros como son: la payada, la milonga campera, el candombe afrorioplatense de Montevideo y Buenos Aires y finalmente, de la habanera cubana.

La primera grabación realizada de este género fue en 1898, "Don Juan", de Ernesto Ponzio y del cual hallé una vieja grabación que evidencia la precaria forma musical del tango en ese tiempo en comparación a la elaborada ejecución que hoy en día conocemos.



Ya para finales del siglo XIX la ejecución del tango había progresado, pues la adopción del género por músicos mejor preparados le confirió de a poco la forma que hasta hoy en día conocemos.


No puede faltar en esta breve historia uno de los iconos que indiscutiblemente es prioritario en el tango, hablo del bandoneón.


Por el año de 1900, los inmigrantes alemanes trajeron al continente los primeros bandoneones que le darían cuerpo y ese distinguible sello que hace peculiar al tango.

Este complejo instrumento fue creado en Alemania con el fin de hacer las veces de los grandes órganos de las iglesias cuando se salía a las cruzadas de evangelización que en ese tiempo se realizaban. 

El bandoneón tiene una elaborada y compleja forma armónica para su ejecución musical, dado que su origen era para crear los sonidos de la música sacra de aquel entonces.

Hoy en día escuchar un bandoneón por ahí, es signo inequívoco de que el tango está ahí presente.

Con relación al baile, la incitación a la lujuria era la causa por la cual el tango se prohibió por varios años, llevando a sus asiduos a lugares ocultos para realizar este fin. Fue hacia 1910 que por primera vez salió a la luz de forma abierta y "aceptado" por la sociedad, siendo México, Colombia y Centroamérica los principales lugares de exhibición; poco tiempo después, el fenómeno llega a París y a Nueva York, donde el baile asciende a un nivel de audiencia más selecto, claro está, debido al esnobismo de la época.

Para mediados del siglo XX en Buenos Aires y Montevideo se comenzó a bailar el tango de forma permitida, primero en centros nocturnos y luego en salones populares; después se comenzaron las primeras milongas en barrios y zonas suburbanas de diversas regiones de Argentina y Uruguay.

El abrazo, el caminar lento y la improvisación, son los elementos fundamentales para bailar tango. Se dice que el tango se baila "escuchando el cuerpo del otro".

Cito a la escritora y periodista argentina Alicia Dujovne Ortiz, quien describía de esta manera el tango:

"Un mosntruo de dos cabezas, una bestia de cuatro patas, lánguida o vivaz, que vive lo que dura una canción y muere asesinada por el último compás"

Es pues el tango esa música que al sonido del doliente bandoneón arranca sentimientos muy profundos. Mentiría todo aquel que ha sufrido una desilusión si de pronto no se haya identificado en las letras cotidianas que el tango evoca; pues en ellas nos hallamos reflejados a través de los diálogos de desencanto, desamores y tragedias, pero también la alegoría y la fiesta milonguera que caracteriza a este género.